Martes, 23 de noviembre de 2010.
Esta crisis ha revelado un exceso de capacidad instalada en muchos mercados, pero de forma especial en la industria de servicios financieros y, dentro de ella, en la banca. Los excesos de capacidad son tanto más preocupantes cuanto más bancarizadas están las economías. En la eurozona, y en España dentro de ella, el sistema bancario tiene un peso muy importante, superior al que se detecta en otras áreas económicas, en la canalización de los activos y pasivos financieros de los agentes económicos. Son más de 100 bancos, 45 cajas de ahorro y más de 80 cooperativas de crédito las que integran el censo de oferentes de servicios bancarios en una economía que no volverá a crecer en muchos años al ritmo de los últimos 12 que concluyen en 2007.
Además, la salud del conjunto de las entidades se encuentra amenazada por la continua y creciente erosión de los activos (por morosidad, fallido y aumento de la adjudicación de activos) y por las tensiones de liquidez asociadas a los vencimientos de emisiones en los mercados mayoristas. A ello se añaden decisiones empresariales tan sorprendentes como las que han desarrollado esa nueva guerra del pasivo, cuyos efectos serán una reducción adicional de los márgenes. Las nuevas regulaciones se añaden a ese conjunto de factores que van a obligar a las empresas bancarias a tomar decisiones de ajuste de capacidad (menos oficinas, menos plantillas, menos costes) y buscar dimensiones adecuadas al nuevo entorno.
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