Viernes, 15 de abril de 2011.
En los últimos tres años la deuda de las entidades españolas con el Banco Central Europeo (BCE) ha sido un buen termómetro de sus dificultades para encontrar crédito. Y, a tenor de lo que marcó en marzo, la fiebre remite. Según los datos difundidos por el BCE, el saldo vivo de los préstamos a corto plazo contraídos por entidades españolas bajó el mes pasado a 40.992 millones de euros. Es el importe más reducido desde enero de 2008, y apenas la mitad de lo que debían hace un año.
La apelación de las entidades españolas al crédito del BCE llegó en junio pasado de 2010 a acumular un saldo neto de 130.000 millones de euros, una cifra sin precedentes que convirtió al sector español en el más dependiente de las facilidades financieras del banco central, con casi un 30% del préstamo concedido a las entidades de la zona euro. Entonces no había otra. La crisis fiscal griega acababa de estallar y en el mercado interbancario se dejó de confiar en los bancos españoles, irlandeses y portugueses.
La puesta en marcha de las reformas económicas que aprobó el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en mayo de 2010, la publicación de las primeras pruebas de resistencia a la banca española (mucho más extensas que en otros países) y el uso de cámaras de compensación, que asumían el riesgo de prestar a entidades españolas contribuyeron a aflojar la presión. Y el grifo del crédito privado volvió a abrirse, aunque siempre a tipos de interés más elevados que los que se aplican a otras entidades europeas.
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