Martes, 26 de abril de 2011.
La alta demanda de viviendas durante los años del boom inmobiliario convirtió la construcción en un trabajo, un negocio y un modelo de crecimiento económico para todo un país. Poseer una vivienda significaba una inversión segura, rentable y con futuro. Pero mejor aún era aprovechar los ahorros comprando cuantas más mejor para después vender alquilar o vender por un precio más alto. Todo lo relacionado con el ladrillo era una fuente inagotable de dinero.
La vorágine constructora -se llegaron a edificar hasta 800.000 viviendas por año- respondía a una necesidad de compra que parecía no tener fin. Pero estalló la crisis y se desplomó lo que resultó ser un castillo de naipes. La actividad constructora se paralizó ante la brusca caída de la demanda y muchas empresas tuvieron que echar el cierre con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo. Las viviendas construidas apenas superan ahora las 200.000.
Precios
El crédito fácil, la recalificación de suelos, los incentivos fiscales y la inmigración alimentaron una especulación inmobiliaria que disparó los precios. Las casas se revalorizaron a velocidad de vértigo.
El estallido de la burbuja hizo patente la sobrevaloración de la vivienda en España, de más de un 40% según el semanario británico 'The Economist'. Desde el inicio de la crisis las casas se han abaratado un 19% y los expertos esperan que todavía lo hagan otro 15%. En el primer trimestre de este año, los precios demostraron que aún no habían tocado fondo y bajaron un 4,7%.
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