Miércoles, 04 de mayo de 2011.
Al hablar con familiares y conocidos sobre el día a día de la crisis o si se leen ciertas informaciones, en un momento dado de la conversación o la lectura aparece una de las palabras mágicas que «ayudaría a resolver» la crisis: el crédito (en concreto, la no concesión del mismo por parte de bancos y cajas). «El otro día me enteré de que cerraron una pequeña empresa porque no le dieron un préstamo para pagar a sus proveedores», dicen unos o «no puedo vender el piso porque el banco no concedió la hipoteca a la persona que quería comprármelo», siguen los otros.
Serían quejas comprensibles… antes de 2007, cuando te concedían todos los préstamos y tarjetas que quisieras con sólo entrar en una oficina bancaria, convirtiéndonos en auténticos adictos al crédito, como si fuera un derecho más incluido en la Declaración Universal de la ONU.
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